Expediente Nº 09
¿Cuál es el origen del café?
Investigó: Germán · Maldito NRDEditó: Noe · La Tía Hippie
Publicado: 26 min de lectura
Respuesta corta
El café sale de una planta que crece silvestre en las montañas de Etiopía, en África. Como bebida, aparece por primera vez en los papeles en Yemen, el país que está justo enfrente, del otro lado del mar Rojo, a fines del siglo XV: lo tomaban de noche unos místicos musulmanes para rezar sin dormirse. El pastor Kaldi no figura en esos papeles: su nombre aparece recién en 1922.
Ficha del expediente · Nº 09
- Origen
- La planta: silvestre, sin fecha · la bebida: fines del siglo XV · «Kaldi»: 1922
- Lugar
- Etiopía (la planta) y Yemen (la bebida)
- Estado
- Mito desmentido
- Pistas
- 7
- Link corto
- origenes.club/09
Kaldi no aparece en ningún papel viejo. Lo que sí aparece es un juicio en La Meca, un robo por orden escrita y un rey que mandaba a oler las calles.

En este expediente
- ¿Qué cuenta de verdad la leyenda de Kaldi?
- ¿Dónde se originó el café?
- ¿Quién inventó la bebida del café?
- ¿De dónde viene la palabra café?
- ¿Por qué juzgaron al café en La Meca?
- ¿Por qué prohibieron el café?
- ¿Cómo llegó el café a América?
- ¿Quiénes eran los olfateadores de café?
- ¿Quién trajo el café a México?
- ¿Juan Valdez existió?
- ¿El café le ganó alguna vez al mate?
- Mito contra documento
- Información clasificada
- ¿Entonces cuál es el origen del café?
- El caso en video
Si buscaste «origen del café», seguro te cruzaste con la misma historia. En las montañas de Etiopía, un pastor llamado Kaldi ve que sus cabras comen unos frutitos rojos y se ponen a bailar toda la noche. El cuento tiene hasta fecha de nacimiento. Seis, en realidad: el 700, el 800, el 850, el 900, «el siglo IX» o el 1140, según quién lo cuente. Son las cabras con más partidas de nacimiento del mundo.
Así que fuimos a buscar el papel más viejo que cuenta esa historia. Lo encontramos, está escaneado y más abajo te lo mostramos. Ahí no hay ningún Kaldi. El que cuida los animales no tiene nombre, y lo que cuida son camellos. Las cabras aparecen recién después, como el chisme de otros: el autor aclara que algunos dicen que eran cabras [1].
Y lo más llamativo es para qué se escribió ese papel: para defender al café. Porque antes de ser lo primero que tomás a la mañana, el café fue un sospechoso. Durante siglos, en medio mundo, alguien quiso frenarlo: jueces, reyes, gobernadores. Y siempre se les escapó. Esta es la historia de esa fuga, con los papeles en la mano.

¿Qué cuenta de verdad la leyenda de Kaldi?
Empecemos por ese papel. Es un librito en latín, que era el idioma de los libros de los sabios. Lo publicó en 1671 Antonio Fausto Nairon, un profesor de la universidad de Roma. Para nosotros, el profesor de Roma. Lo escribió porque la bebida nueva, que acababa de llegar a la ciudad, «asustó a algunos ciudadanos» [1]. Y desde el título ya juega de defensor: llama al café «la bebida saludabilísima».
El cuento que defiende va así, según «la tradición común de los orientales» (los de Oriente, no los uruguayos). Un cuidador de camellos se queja ante los monjes de un monasterio de Yemen, el país que está justo enfrente de Etiopía, del otro lado del mar Rojo. Sus animales no duermen: se pasan la noche saltando. El jefe del monasterio va a ver qué comían, encuentra unos arbustos y junta sus frutos [1].
Los hierve, toma y comprueba que desvelan. Desde ese día, manda que los monjes lo tomen para aguantar despiertos los rezos de la noche [1]. En el cuento original, el que descubre la bebida es el jefe de los monjes. El cuidador sólo vino a quejarse.

Mirá la frase en amarillo: primero Camelorum, camellos, y recién después Caprarum, cabras. Los camellos van primero.
¿Quién le puso Kaldi al pastor?
Si en 1671 no tenía nombre, ¿de dónde salió Kaldi? En todo lo que leímos, el nombre aparece recién en 1922, en un libro sobre el café publicado en Nueva York por el editor de una revista del comercio del té y del café. Lo cuenta como una versión «que los franceses han conservado», sin decir quién la escribió ni cuándo: «un joven cabrero llamado Kaldi» [2].
Y hay una sorpresa más. En ese libro, Kaldi es «el pastor más feliz de la feliz Arabia», y la Arabia Feliz era como le decían antes a Yemen [2]. Así que el Kaldi con nombre ni siquiera era etíope. Cómo terminó mudado a Etiopía, no lo encontramos.
Resumiendo: el cuento lo escribió un defensor del café, y el nombre del pastor lo puso un hombre del negocio del café. Es la versión de la defensa. Para saber qué pasó de verdad, hay que llamar al testigo más viejo.

¿Dónde se originó el café?
La planta no necesita testigos. El café arábica, que da más o menos seis de cada diez tazas del mundo, crece silvestre en las montañas de Etiopía, en África, y en un rincón de Sudán del Sur [3][4]. La pregunta es quién fue el primero en usarla. Y para eso sí hace falta un testigo.
El más viejo es un jurista árabe que hacia 1587 escribió un libro entero para demostrar que tomar café no era pecado. Adentro copió las actas de los juicios que le habían hecho al café. Le vamos a decir el abogado del café. Lo leímos en una traducción francesa de 1826 [5].
Y el abogado, para empezar, confiesa algo. Sobre Etiopía escribe: «ignoramos cómo y en qué ocasión se empezó a tomar café» [5]. El testigo más viejo dice «no sé». Ya nos cae bien.
Lo poco que sabe es raro. En Etiopía, cuenta, los granos se comían de postre, como una golosina. Y en La Meca, la ciudad santa del islam, adonde llegaban esos granos, las cáscaras se tiraban a la basura [5]. Esas cáscaras, ya vas a ver, iban a terminar en el fuego.
¿Entonces en Etiopía lo tomaban? Puede ser, pero nadie lo dejó escrito. La primera taza con papeles está del otro lado del mar.

¿Quién inventó la bebida del café?
Del otro lado del mar Rojo, frente a Etiopía, está Yemen. Y en Yemen había unos místicos musulmanes, los sufíes, que se juntaban de noche a repetir el nombre de Dios, como quien reza el rosario hasta la madrugada [6]. Tenían un problema muy humano: el sueño. El café se lo resolvió.
Hacia 1495, en la época de Colón, a Egipto llegó la noticia: en Yemen usaban «una bebida llamada café» para «pasar mejor la noche cantando las alabanzas de Dios» [5]. El abogado del café cuenta cómo empezó, y su historia tiene un protagonista: un sabio de Adén, una ciudad con puerto de Yemen.
Según una versión, el sabio había conocido el café del otro lado del mar, en la costa de África. Al volver a Adén se enfermó, se acordó, lo probó y le hizo bien [5]. Así hizo el café su primer viaje: cruzó el mar Rojo.
Según otra, al principio el café ni siquiera se hacía con el grano. Se hacía con qat (se lee «cat»), una hoja que en Yemen se masca para tener energía, algo así como la coca que se masca en la Puna. Cuando el qat se acabó en Adén, el sabio les propuso a sus discípulos probar con el grano. Y funcionó igual [5].
El café nació como plan B. Como cuando se acaba la yerba y alguien se anima con el té de la alacena.
Desde Yemen, el café empezó a salir en barco. El puerto era Moca, y por ahí salió la mayoría del café del mundo durante más de 150 años [7]. Tanto que «moka» pasó a ser el nombre de un café fino. Y en Italia, la cafetera de aluminio que se pone sobre la hornalla, esa que acá muchos llaman «la italiana», se llama «moka» [8]. Tenés un puerto de Yemen en la cocina.

Una bebida que se tomaba de noche, en grupo, entre místicos. Y con un nombre que la iba a meter en problemas.
¿De dónde viene la palabra café?
Del árabe qahwa (se lee más o menos «cájua»). Y qahwa era también uno de los nombres del vino. El abogado del café lo explica así: al vino le decían qahwa «porque quita las ganas de comer», y al café, porque quita las ganas de dormir [5][6]. Con un buen tinto, en el Litoral, se come el doble, pero esa es otra discusión.
De qahwa salió el turco kahve, y de ahí, pasando por el italiano y el francés, nuestro café [9]. Lo de que viene de Kaffa, una región de Etiopía, se repite mucho, pero ningún papel lo prueba [2].

Y acá empieza el problema. El islam prohíbe el vino, y el café tenía nombre de vino, se tomaba de noche y en grupo. Sus enemigos llegaron a decir que era una especie de vino [5]. Alguien se iba a enojar. Y se enojó en el peor lugar posible: en La Meca.
¿Por qué juzgaron al café en La Meca?
En 1511, La Meca dependía del sultán de El Cairo, y el sultán tenía ahí un inspector de los mercados y las costumbres. Una noche, ese inspector hizo una ronda. Según el acta que él mismo escribió, encontró dentro del recinto sagrado a un grupo reunido «con el pretexto» de celebrar al profeta Mahoma [5].
Cuando lo vieron venir, «apagaron las antorchas». Para el inspector, eso ya era una confesión. Le contaron que tomaban una bebida «como se toma el vino», con una taza que se pasaban de mano en mano, como una ronda de mate. A la mañana armó un juicio y puso delante de jueces y sabios una olla grande de café. El café, sentado en el banquillo.
Como era una cuestión de salud, llamó también a dos médicos persas (de lo que hoy es Irán), hermanos, los médicos «más distinguidos» de La Meca. Dictamen: el café es «seco y frío» y, aunque en sí no está prohibido, «lleva a acciones criminales» [5]. La medicina de entonces clasificaba todo en seco o húmedo y en frío o caliente. Para algo que se toma hirviendo, un diagnóstico audaz.
Uno solo de los sabios se animó a defenderlo, y alguno hasta lo trató de «infiel». Las cáscaras que antes iban a la basura ahora se quemaron en medio del mercado, y el acta viajó a El Cairo [5].
Según el abogado del café, la respuesta del sultán fue mucho más tibia: que no se tomara «en público» ni se llevara a los mercados. Y nada más. Al año siguiente, al inspector lo reemplazaron [5]. Los que defendían el café también eran musulmanes, y ganaron: el problema era un inspector con demasiadas ganas.

Más de veinte años después, en El Cairo, lo volvieron a acusar, y hubo patotas que rompían vasijas en los cafés. El juez principal de Egipto lo resolvió a su manera: preparó café en su casa, se lo sirvió a mucha gente delante de él y esperó toda la tarde a que alguien se emborrachara. Nadie. Lo dejó todo como estaba [5].
Si sos de Argentina, esta historia te tiene que sonar. En 1616, en Buenos Aires, un bando prohibió el mate y la yerba se quemó en la plaza: está en el expediente del mate. Mismo fuego, cien años después y en la otra punta del mundo.
El café salió absuelto y siguió viaje. En las ciudades grandes inventó algo nuevo: un local para tomarlo, que también se llamó café. Y ahí apareció un problema que ningún juez podía resolver: adentro, la gente hablaba.
¿Por qué prohibieron el café?
Muchas veces, por lo que se hablaba adentro de los cafés. En Estambul, la capital de los sultanes turcos, los cafés abrieron hacia 1554, y enseguida el gobierno les vio el peligro: la gente se juntaba a hablar de política. Le decían la «charla de Estado», que es una forma elegante de decir el chisme sobre el gobierno [10]. En 1633, después de un gran incendio, los mandaron cerrar: sólo en un barrio de la ciudad se demolieron 120 [6][11].
Cuarenta años después, en Londres, pasó lo mismo, con más papeleo. En 1674, un panfleto sin firma pidió prohibirles el café a todos los menores de sesenta años [12]. Si tenías más, zafabas.
Y el 29 de diciembre de 1675, el rey de Inglaterra mandó cerrar los cafés por «la gran concurrencia de ociosos y descontentos» y por las «noticias falsas, maliciosas y escandalosas» que corrían ahí contra el gobierno [13]. Algo así como querer apagar las redes sociales por las noticias falsas, pero con tinta y taza.

Nadie podía vender café… ni chocolate, ni té, ni sorbetes, que eran refrescos de fruta y no pajitas [13]. La orden no llegó a estrenarse. Dos días antes de que empezara a regir, el rey aflojó y dejó vender hasta junio [14]. Según un escritor inglés que lo contó décadas después, los del café «prometieron portarse de maravilla en adelante» [15]. Como los chicos.
Ni los sultanes ni los reyes pudieron cerrarle la puerta. Y mientras ellos discutían, el café se les escapaba por otro lado: en los barcos.
¿Cómo llegó el café a América?
En 1616, el mismo año en que en Buenos Aires prohibían el mate, los holandeses se llevaron una planta de café del puerto de Moca a Ámsterdam [16]. Fue el primero de muchos viajes. Según los genetistas, casi todo el café arábica que se cultiva hoy en el mundo desciende de un puñado de plantas que salieron así de Yemen, de a una o de a dos [17].
Y el que tenía café, lo cuidaba. En Surinam, la colonia holandesa de Sudamérica, había «penas rigurosas» para el que se fuera con semillas [18]. Los franceses, que querían café para Martinica, su isla del Caribe, tuvieron que conseguirlo por su cuenta.
Lo logró Gabriel de Clieu, un oficial de marina francés que vivía en la isla. Su viaje se cuenta como una hazaña: en medio del océano, compartió su agua con la planta. Fuimos a leer su carta, escrita medio siglo después [18]. Dice que la planta «no era más gruesa que un gajito de clavel» y que durante más de un mes compartió con ella la poca agua que le daban. Eso lo cuenta él solo.
También dice que el barco era mercante y que su nombre «se me borró de la memoria» [18]. El héroe del agua no se acordaba del barco. Y según su hoja de servicios, que resumieron sus descendientes, viajó en un barco del rey que se llamaba le Dromadaire: el Dromedario [19]. Otro camello que la historia dejó afuera.
En la isla, la rodeó de espinas para que no se la robaran, juntó unas dos libras de granos, casi un kilo, y las repartió [18].
Y el que no tenía café, lo robaba. Brasil, que entonces era colonia de Portugal, no tenía. En 1727, el gobernador portugués del norte de Brasil mandó a un militar, Francisco de Melo Palheta, a la Guayana Francesa, la colonia francesa vecina, por una pelea de límites [16].
Se cuenta que allá Palheta sedujo a la mujer del gobernador francés, y que ella, al despedirlo, le regaló un ramo de flores con semillas de café escondidas. La versión más vieja, escrita por un obispo de la zona en el siglo XVIII, es menos romántica: ella le pone «un puñado de semillas de café» en el bolsillo de la casaca, «en presencia del esposo (que se sonrió)». Ni ramo ni escondite: el marido estaba mirando [16].
Y después apareció otro papel. Un historiador brasileño, Teodoro Braga, encontró las instrucciones escritas que el gobernador portugués le había dado a Palheta antes del viaje. En el capítulo 10 dice:
Y si por casualidad entra en un patio, jardín o huerta donde haya café, con el pretexto de probar alguna fruta, verá si puede esconder algún par de granos con todo disimulo y toda cautela.
Romance pudo haber. Pero el robo ya venía con membrete. Palheta volvió, según se cuenta, con cinco plantas y mil y pico de semillas [16].

Y el que no podía plantarlo, lo pagaba. En Berlín, alguien sacó la cuenta.
¿Quiénes eran los olfateadores de café?
Federico el Grande, el rey de Prusia, un reino del norte de la actual Alemania con capital en Berlín, hizo números: por el café, que había que comprar afuera, se iban del país más de 700.000 táleros por año, la moneda de entonces [20].
Como el café se compraba crudo y se tostaba en casa, el rey se quedó con el tostado. Desde el 21 de enero de 1781, el café tostado lo vendía el Estado. Tostar en casa sólo podían los nobles, los curas, los militares y los funcionarios altos, y sólo si tomaban por lo menos 20 libras de café por año, unos nueve kilos [20]. Había que ser noble y, además, buen tomador.
Para hacerlo cumplir había «toda una legión» de funcionarios que recorrían las calles siguiendo el olor del café tostado, y que podían entrar a las casas. La gente les puso nombre: Kaffeeriecher, olfateadores de café [20].

Fijate la palabra: Kaffee es café, y Riecher, el que huele.
El rey se lo tomó con humor. Según contó un testigo muchos años después, vio una caricatura suya con un molinillo de café entre las rodillas, se rió y mandó colgarla más abajo, para que la gente la viera mejor [20]. El sistema duró seis años. En 1787 se abolió, «para alegría de todos», y cuando bajaron el impuesto, el Estado recaudó más [20]. El café se había vuelto a escapar.

Mientras en Europa lo perseguían por la calle, en América el café ya crecía en las islas del Caribe y en Brasil. Pero no llegaba a todas las tazas.
¿Quién trajo el café a México?
A México llegó tarde, y sin un nombre seguro. Hace más de doscientos años casi nadie lo tomaba, y lo sabemos por un viajero que ya conocés si leíste el expediente del pistacho: Alexander von Humboldt, el naturalista alemán que recorrió México entre 1803 y 1804 y anotaba todo lo que veía. Sobre el café escribió esto:
El uso del café todavía es tan raro en México, que en todo el país no se consumen anualmente más que cuatrocientos o quinientos quintales.
Son unos 20.000 kilos para todo el país: aquel quintal pesaba unos 46 kilos [21]. Repartidos entre los casi seis millones de habitantes que contó el mismo Humboldt, dan unos 3 o 4 gramos por persona: menos de una cucharada de café… en todo el año. Francia, con apenas cinco veces más gente, tomaba unas quinientas veces más [22]. Las cuentas son nuestras.
Pero Humboldt vio que eso podía cambiar. Anotó que el café se daría bien en Jalapa y en Chilpancingo [22], cerca de donde había encontrado su pistache silvestre.
¿Quién lo trajo, entonces? En Veracruz, el estado de México sobre el golfo, se plantó a fines del siglo XVIII, pero el estudio académico sobre la zona no da ningún nombre [23].
En la punta sur de Chiapas, pegada a Guatemala, el primero con nombre fue un italiano, Jerónimo Manchinelli, en 1846. Nadie lo imitó, y hacia 1870 a ese cafetal «se lo había tragado la selva» [24]. El café llegó en serio hacia 1890, con empresas de Guatemala [24], y hoy Chiapas es el estado que más produce [25].
¿Juan Valdez existió?
Más al sur, en Colombia, el café tiene su propia leyenda. En Santander se cuenta que un cura, el padre Francisco Romero, les ponía de penitencia a los que se confesaban sembrar café, según el pecado [26]. No encontramos ningún papel de la época que lo pruebe. Pero fijate la vuelta que dio la historia: el café, que había sido el acusado, terminó siendo la penitencia.
Y Colombia también tiene su pastor con nombre. Juan Valdez, el cafetero de bigote de las propagandas, es un personaje. Lo creó en 1959 una agencia de publicidad de Nueva York, Doyle Dane Bernbach, para la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia, que quería vender su café en Estados Unidos. El primero en hacer de Juan Valdez fue José F. Duval, un actor cubano que vivía en Nueva York [27][28].
Te suena, ¿no? Kaldi y Juan Valdez, los dos pastores más famosos del café, tienen algo en común: el primer papel con su nombre se imprimió en Nueva York.
Más al sur todavía, en Buenos Aires, el café se cruzó con otro acusado con antecedentes: el mate.
¿El café le ganó alguna vez al mate?
Ningún papel dice que le ganó. Pero hubo un tiempo en que el mate parecía perder. El testigo es el doctor José Antonio Wilde, un porteño que hacia 1880 escribió cómo había sido la ciudad desde los tiempos de la Revolución de Mayo, en un libro que se llama Buenos Aires desde setenta años atrás [29].
En los cafés de aquella Buenos Aires, cuenta, el café con leche llegaba «en inmensas tazas que desbordaban hasta llenar el platillo». El azúcar venía en una medidita de lata, escondida debajo de la taza dada vuelta. Y a los chicos, de merienda, les daban café con leche, leche sola o chocolate [29].
Y del mate escribió esto, que hoy suena a herejía («en el día» quiere decir «hoy»):
Del mate se hacía más uso que en el día; y a pesar de haber aún bastante gente matera, en muchas familias está hoy en completo desuso, y en otras apenas se toma una vez por día.
Hoy Wilde no lo podría creer: el mate está en más de nueve de cada diez hogares argentinos [30]. Cómo volvió es otro expediente. El mate, que ya había zafado del fuego en 1616, también zafó de esta.

Mito contra documento
Lo que se repite, contra lo que dicen los papeles:
El mito
Kaldi, un pastor etíope del siglo IX, descubrió el café al ver bailar a sus cabras.
El documento
La versión más vieja que se conoce es de 1671: un cuidador de camellos o de cabras, sin nombre, en Yemen, y el que prueba la bebida es el jefe del monasterio. El nombre Kaldi aparece, en lo que encontramos, en 1922, y en Arabia, no en Etiopía.
El mito
El papa Clemente VIII probó el café y lo bautizó para que los cristianos pudieran tomarlo.
El documento
No encontramos ningún documento del papa. Ya en 1922, el libro del café que difundió a Kaldi la llamaba «una leyenda muy citada».
El mito
Federico el Grande, el rey de Prusia, despenalizó el café con un impuesto.
El documento
En 1781 hizo lo contrario: el tostado pasó al Estado y sólo nobles, curas, militares y altos funcionarios podían tostar en casa, si tomaban por lo menos nueve kilos al año. Para controlarlo, mandó olfateadores.
Información clasificada
Dos papeles que no entraron en el juicio principal.
«Tomá, para un cafecito»
La primera vez que se escribió «café» en castellano, según un especialista en la historia de las palabras, fue en 1680, en el libro de un viajero español que estaba en Persia, el actual Irán. Cuenta que algunas veces le daba algo al portero «para café, ó para tabaco» [9][31]. Fue una propina. Tomá, para un cafecito.
La «rata del café» y el café más caro del mundo
En 1883, una enciclopedia alemana de animales contó que a una civeta, un animal chico que come frutas, le decían «rata del café» por ladrona, y que la gente juntaba los granos de su excremento. Y según un naturalista que estuvo en Java, los javaneses aseguraban que esos granos daban «el mejor café de todos» [32]. Es el café que hoy se vende como kopi luwak, y que se hace cada vez más con civetas enjauladas [33].
Y el récord de precio no es de ningún animal: en 2025, un café de Panamá de una variedad que salió de los bosques de Etiopía se vendió a 30.204 dólares el kilo [34][35] [36].
¿Entonces cuál es el origen del café?
La planta es de Etiopía, donde crece silvestre y donde sus granos se comían de postre. La bebida aparece por primera vez en los papeles en Yemen, a fines del siglo XV, entre místicos que querían rezar despiertos, y se llamó qahwa, como el vino. Y desde ahí se escapó de todos: de los jueces de La Meca, de los sultanes de Estambul, del rey de Inglaterra, de los guardias de Surinam y de los olfateadores de Prusia.

Kaldi, en cambio, no tiene papeles viejos: su nombre aparece, en lo que encontramos, en 1922. El cuento de las cabras lo escribieron los amigos del café, y la próxima vez que lo leas en la página de una marca, ya sabés: es la versión de la defensa. Y el camello, que iba primero, todavía espera que lo llamen a declarar.
El caso en video
En el video, el café se sienta en el banquillo: la olla delante de los jueces de La Meca, el rey que mandaba a oler las calles y el bolsillo de Palheta.
Y ahora te toca a vos: ¿sos de café o de mate? Y si sos de los dos, ¿a qué hora cambiás? Dejalo en los comentarios de YouTube.
Capítulos del video
- 0:00¿Cuál es el origen del café? La leyenda
- 0:25¿Lindo cuento, no?
- 0:56El papel más viejo de la leyenda
- 1:37Dónde nació de verdad
- 2:02Yemen: el café nació como plan B
- 2:27Moca: un puerto en tu cocina
- 2:49Qahwa: el café con nombre de vino
- 3:03Primer escape: el juicio de La Meca
- 3:54Segundo escape: el rey que cerró los cafés
- 4:21Tercer escape: un robo con instrucciones
- 4:56Cuarto escape: los olfateadores
- 5:26¿Y el mate?
- 5:41La pizarra del caso
- 6:06Por qué te pregunté lo del mate
- 6:36Próximo expediente
Línea de tiempo
1495
Hacia esta fecha, en Egipto se enteran de que unos místicos musulmanes de Yemen toman café para rezar de noche sin dormirse.
1511
La Meca: el inspector de los mercados juzga al café. Según un jurista que lo defendió, el sultán de El Cairo sólo ordena que no se tome en público ni se lleve a los mercados.
1587
Hacia esta fecha, ese jurista árabe escribe su defensa del café y copia adentro las actas de los juicios.
1616
Los holandeses llevan una planta de café del puerto de Moca a Ámsterdam. El mismo año, en Buenos Aires, un bando prohíbe el mate.
1633
Estambul: después de un gran incendio, se mandan cerrar los cafés.
1671
Un profesor de Roma publica la versión más vieja conocida del cuento de los animales que no dormían. Sin Kaldi, y con camellos.
1675
Londres: el rey de Inglaterra manda cerrar los cafés y, antes de que la orden empiece a regir, afloja.
1727
Un militar portugués, Palheta, que llevaba una orden escrita de esconder granos, vuelve de la Guayana Francesa con café para Brasil.
1774
Medio siglo después de llevar una planta de café a Martinica, una isla francesa del Caribe, el oficial De Clieu escribe la carta de su hazaña: ya no se acuerda del nombre del barco.
1781
Prusia, un reino alemán con capital en Berlín: el Estado se queda con el tostado del café y aparecen los «olfateadores».
1803
El naturalista alemán Humboldt recorre México: en todo el país se toman unos 20.000 kilos de café por año.
1846
Chiapas: un italiano planta 1.500 cafetos traídos de Guatemala.
1880
Hacia 1880, el porteño José Antonio Wilde escribe que el mate está «en completo desuso» en muchas familias.
1922
Nueva York: un libro sobre el café publica la historia del cabrero «Kaldi», el texto más viejo con ese nombre que encontramos.
1959
Nueva York: una agencia de publicidad crea a Juan Valdez para el café de Colombia.
En el mapa
Moca (al-Mukhā), Yemen: el puerto del café
13,32° N · 43,25° E
Preguntas frecuentes
¿Qué país es considerado la cuna del café?
Etiopía. El arábica, el café que más se toma, crece silvestre en las montañas de Etiopía y en un rincón de Sudán del Sur. La bebida, en cambio, aparece en los papeles del otro lado del mar Rojo, en Yemen, a fines del siglo XV: ahí está el primer cultivo documentado, y ahí lo tomaban los sufíes, unos místicos musulmanes, para rezar de noche sin dormirse.
¿Dónde se hizo el primer café del mundo?
En Yemen, según los papeles más viejos. Un libro árabe de 1587 cuenta que, en la época de Colón, ya lo tomaban en Adén, un puerto de Yemen, unos místicos musulmanes para pasar la noche rezando, y que un sabio de esa ciudad lo puso de moda. En Etiopía, donde crece la planta, los granos se comían de postre, como golosina.
¿Quién descubrió el café y en qué año?
Nadie con nombre y fecha seguros. El nombre más citado es el de un sabio de Adén, en Yemen, al-Dhabhani, que murió en 1470 o 1471 y que, según un libro árabe de 1587, puso de moda el café entre los místicos que rezaban de noche, aunque el mismo libro admite que quizás no fue el primero. Al pastor Kaldi no lo sostiene ningún papel: su nombre aparece, en lo que encontramos, en 1922.
¿De qué planta viene el café?
De los cafetos, unos arbustos de África. Los dos que más se toman en el mundo son el arábica, que da más o menos seis de cada diez tazas y es un cruce natural del robusta con otro café silvestre, de hace cientos de miles de años, y el robusta mismo, que crece silvestre en las selvas del oeste y el centro de África.
¿Kaldi existió?
No hay ningún papel que lo pruebe. El primer texto conocido que cuenta la historia de los animales que no dormían, publicado en Roma en 1671, habla de un cuidador de camellos, sin nombre y en Yemen, y aclara que otros dicen que eran cabras. El nombre Kaldi aparece, en todo lo que encontramos, en un libro publicado en Nueva York en 1922.
¿Juan Valdez existió?
Como persona, no: es un personaje. Lo creó en 1959 una agencia de publicidad de Nueva York, Doyle Dane Bernbach, para la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia. El primero en interpretarlo fue José F. Duval, un actor cubano que vivía en Nueva York.
¿Qué es el café de civeta o kopi luwak?
Un café hecho con granos que pasaron por el intestino de la civeta, un animal chico de Asia que come frutas, entre ellas las del café. Ya en 1883 se contaba que en Java, una isla de Indonesia, los javaneses aseguraban que esos granos daban el mejor café de todos. Hoy cada vez más civetas se capturan y se tienen en jaulas para producirlo: un estudio de 2016 encontró malas condiciones en las plantaciones turísticas de Bali.
¿De dónde viene el café más caro del mundo?
De Panamá, y su planta es de Etiopía. En 2025, un café de la Hacienda La Esmeralda se vendió a 30.204 dólares el kilo en una subasta de Panamá, el récord mundial. Es de una variedad que salió de los bosques de Etiopía en los años treinta y llegó a Panamá en los sesenta. Los cafés que pasan por animales, como el de civeta o el de elefante de Tailandia, son famosos, pero no tienen ese récord.
¿Tenés otra teoría?
La discusión está en YouTube. Dejá tu teoría en los comentarios del video: leemos todos.
Ir a los comentariosFuentes
- [1]Fausto Naironi (Antonio Fausto Nairon), «De saluberrima potione Cahve' seu Cafe nuncupata discursus», Roma, Michele Ercole, 1671 (ejemplar de la Biblioteca Brasiliana Guita e José Mindlin, USP)
- [2]William H. Ukers, «All About Coffee», Nueva York, The Tea and Coffee Trade Journal Company, 1922 (Project Gutenberg)
- [3]J. Salojärvi y otros, «The genome and population genomics of allopolyploid Coffea arabica reveal the diversification history of modern coffee cultivars», Nature Genetics 56, 2024, pp. 721-731
- [4]S. Krishnan y otros, «Validating South Sudan as a Center of Origin for Coffea arabica», Frontiers in Sustainable Food Systems 5, 2021, art. 761611
- [5]ʿAbd al-Qādir al-Jazīrī, «ʿUmdat al-ṣafwa fī ḥill al-qahwa», extracto traducido y anotado por A.-I. Silvestre de Sacy en «Chrestomathie arabe», 2.ª ed., París, Imprimerie royale, 1826, t. I, n.º VIII
- [6]İdris Bostan, «Kahve», TDV İslâm Ansiklopedisi, t. 24, Estambul, 2001, pp. 202-205
- [7]Heather M. Sweetser, «A Chapter in the History of Coffee: A Critical Edition and Translation of Murtaḍā az-Zabīdī's Epistle on Coffee», tesis de maestría, Ohio State University, 2012
- [8]Treccani, «Vocabolario», entradas «moca» y «moka»
- [9]Pedro Álvarez de Miranda, «Café (1)», El Rinconete, Centro Virtual Cervantes, 21 de enero de 2010
- [10]Ahmet Yaşar, «Kahvehane», TDV İslâm Ansiklopedisi, Ek-2, 2019, pp. 3-5
- [11]Z. Yılmazer y N. Özcan, «Murad IV», TDV İslâm Ansiklopedisi, t. 31, 2020, pp. 177-183
- [12]«The Women's Petition against Coffee», Londres, 1674, «By a Well-willer» (transcripción de la Universidad de Giessen)
- [13]Carlos II de Inglaterra, «A Proclamation for the Suppression of Coffee-Houses», Whitehall, 29 de diciembre de 1675 (transcripción de la Universidad de Giessen)
- [14]Carlos II de Inglaterra, «An Additional Proclamation Concerning Coffee-Houses», 8 de enero de 1675/6 (transcripción EEBO-TCP A32162)
- [15]Roger North, «Examen: or, an Enquiry into the Credit and Veracity of a Pretended Complete History», Londres, 1740, parte I
- [16]Afonso d'E. Taunay, «Pequena história do café no Brasil», Río de Janeiro, Fundação Darcy Ribeiro, 2012
- [17]F. Anthony y otros, «The origin of cultivated Coffea arabica L. varieties revealed by AFLP and SSR markers», Theoretical and Applied Genetics 104, 2002, pp. 894-900
- [18]Fusée Aublet, «Histoire des plantes de la Guiane françoise», Londres y París, 1775, t. II, «Observations sur la culture du Café» (con la carta de Gabriel de Clieu del 22 de febrero de 1774)
- [19]C. Cotelle y P. d'Heudières, «Gabriel de Clieu, le café et le château de Derchigny», Généalogie et Histoire de la Caraïbe n.º 63, 1994, p. 1134 (resumen de su hoja de servicios)
- [20]Felix Eberty, «Geschichte des preußischen Staats», t. 5 (1763-1806), Breslau, Trewendt, 1870, pp. 33-36
- [21]INAES (Gobierno de México), «Historia del café y su cultivo», 27 de mayo de 2019
- [22]Alexander von Humboldt, «Ensayo político sobre el reino de la Nueva-España», traducción castellana, París, 1822, t. II, libro IV
- [23]Adriana Naveda Chávez-Hita, «La villa de Córdoba a fines de la Colonia», Sotavento 3, Universidad Veracruzana, 1997-1998
- [24]Armando Bartra, «Origen y claves del sistema finquero del Soconusco», Revista Chiapas 1, 1995
- [25]F. Chávez, «México exporta el 68 % de café que produce a Estados Unidos», Crónica, 8 de septiembre de 2026 (con datos del SIAP y FIRA)
- [26]Euclides Kilô Ardila, «La sotana y la semilla: la historia del padre Francisco Romero», Vanguardia (Bucaramanga), 29 de junio de 2025
- [27]«El primer Juan Valdez», El Colombiano (Medellín), sin fecha en la página
- [28]Redacción Colombianos, «Juan Valdez, el campesino cafetero colombiano creado por una agencia de publicidad», Colombia.com, 25 de agosto de 2021
- [29]José Antonio Wilde, «Buenos Aires desde setenta años atrás», Buenos Aires, Biblioteca de La Nación, 1908
- [30]F. Ramseyer y E. Terré, «La yerba mate en cifras», Bolsa de Comercio de Rosario, 28 de marzo de 2025 (con datos del INYM)
- [31]Pedro Cubero Sebastián, «Peregrinación del mundo», Nápoles, Carlos Porsile, 1682 (2.ª ed.; la 1.ª, Madrid, 1680)
- [32]Alfred Brehm, «Brehms Thierleben. Allgemeine Kunde des Thierreichs», t. 2 (Säugethiere), Leipzig, Bibliographisches Institut, 1883, pp. 31-32 (con un relato del naturalista Franz Junghuhn)
- [33]G. Carder, H. Proctor, J. Schmidt-Burbach y N. D'Cruze, «The animal welfare implications of civet coffee tourism in Bali», Animal Welfare 25 (2), 2016, pp. 199-205
- [34]TVN Noticias (Panamá), «Más de $30 mil por kilo de café geisha: Panamá rompe récord mundial en subasta internacional», 7 de agosto de 2025
- [35]«Geishas de Panamá», Perfect Daily Grind (en español), 27 de marzo de 2023
- [36]Miguel Meza, «Understanding the Geisha Cultivar», Coffee Review, 2 de abril de 2010
- [37]S. Vanden Abeele y otros, «Genetic diversity of wild and cultivated Coffea canephora in northeastern DR Congo and the implications for conservation», American Journal of Botany 108 (12), 2021
- [38]«The Most Exclusive Coffee in the World Is Harvested From Elephant Poo», Smithsonian Magazine, 11 de diciembre de 2012
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El mate es de origen guaraní: los pueblos guaraníes de la selva del Alto Paraná ya consumían la yerba, que llamaban caá, antes de la llegada de los europeos. La palabra «mate» viene del quechua «mati», calabaza. Los españoles adoptaron la costumbre, Hernandarias la prohibió en 1616 sin éxito y los jesuitas lograron cultivarla.
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El caviar son las huevas saladas del esturión, un pez sin espinas de los mares Negro y Caspio; la hembra del esturión común tarda unos catorce años en tener huevos. El papel más viejo que leímos que lo nombra es la queja de un monje pobre, en Constantinopla (la actual Estambul), en el siglo XII. Y en Estados Unidos, hacia 1850, se lo daban a los cerdos.
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El Día de Muertos, que se celebra el 1 y el 2 de noviembre, es mestizo. Tiene raíz en las fiestas mexicas para los difuntos, que caían en julio y agosto, pero su fecha la trajo el calendario católico después de 1521. El pan y el azúcar llegaron de España, la Catrina es de Posada (hacia 1912) y el desfile de Ciudad de México, de 2016.

